Pues yo no quiero imaginar, sí a la difícil realidad. Quiero ser yo con mis consecuencias y mis errores, con mis virtudes y rarezas. Y ojalá que al mundo le dieran igual mis decisiones, mis fallos; que no me apuntara con su dedo punzante. Qué bonito que todos nos quedáramos siempre con lo que nos hace sentir mejor, sin más variables. Qué bonito y qué surrealista.
Le pido a lo que sea que cambia el destino ayuda para romper las cadenas que me atan a los recuerdos. Ser solo presente. Ayuda para desoír las carcajadas triunfantes de esas voces ajenas que a nadie deberían importarnos.
Y ser solo sol, al fin. Brillante, nada taciturno. Sin lagos helados, todo fuego. Calor.
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