Qué pena ya no reconocerte.
Una vez me dijeron que yo era la persona con la que más tiempo habías pasado en tu vida. Probablemente sea verdad, pero para qué sirvió, si después de tantas horas yo ya no sé quien eres, aun cuando existía una época en la que al mirarte mis ojos solo veían oro.
Cuántos años grises, que ahora recordándolos no me saben a nada. Será que me has matado la lengua a golpe de mentiras, decepciones y lágrimas.
Y qué tonta yo, que aun así me resistí a cortar ese lazo viejo y descolorido, porque me daba pena romperte el corazón, cuando tú machacabas el mío si no echaban nada en la tele aquella noche.
Siempre intenté comprenderte. Ahora creo que si no fui capaz es porque tienes que visitar a un profesional.
Antes quería mantenerte a mi lado porque has sido parte de mi historia. Ahora nuestros recuerdos felices suenan extraños y me da miedo que hablemos por si me salpica algo de tu ácido.
Podrás decir (sé que lo has hecho, pero dicen que toda fama es útil) que te puse la zancadilla y te di a probar la preciosa manzana envenenada, pero ya no me siento culpable porque se te atragantara. No pude tener mejor maestro.
Querido fantasma del pasado, te quise mucho, pero si tú llegaste a quererme a mí olvidaste pronto como hacerlo. Las cosas maravillosas son difíciles de olvidar, por eso te deseo suerte conmigo.