Es curioso como de repente te levantas una mañana y piensas "Lo he hecho". Aquello que veías tan difícil que incluso rozaba lo imposible. Te das cuenta otra vez de que eres capaz de todo. No con ego, sino con otra sensación mucho más heroica: el orgullo hacia uno mismo. De nuevo has dado otro paso que modificará tu vida, que la moldeará. Porque eres muy joven para quedarte estancada sin aprender nada y para privarte de mirar a esos ojos caramelo si es lo que te da la gana.
Espera, tengo que coger aire.
Los cambios dejan secuelas porque no todo es o blanco o negro. Siempre vas a echar de menos y siempre vas a recordar y muchas veces nunca se deja de querer. Y muchas otras tampoco se quiere dejar de querer. Porque hay personas que han forjado con nosotros una parte de nuestra vida, sintiendo que si ellos desaparecen los momentos que habéis vivido juntos dejan de tener sentido. Entonces tampoco se quieren romper los lazos, porque estos siempre se pueden estirar. Son resistentes.
Perdón, ahora tengo que soltarlo.
Es que me gusta levantar la mirada, encontrarme con aquella concreta y decirme "muy bien. Esto es lo que querías". Porque voy a horcajadas sobre la vida y ha llegado el momento de coger las riendas y redirigir el galope. Eso sí, sin frenar. Con el paso ligero pero intenso.
Ahora me siento sol. Nuevo y joven. Como una llama recién encendida. pero que no tiene intención de apagarse aunque venga una ráfaga.